lunes, junio 13, 2011

Restaurante VERITAS.(Napoles).

BISTRONOMÍA NAPOLITANA




En Nápoles frente a la oferta de las estrellas michelín (son dos: La Cantinella y Palazzo Petrucci), de las trattorias y de las pizzerías, está la posibilidad “bistronómica” tan corriente en España y más escasa en este país transalpino. Se trata del restaurante Veritas situado en la calle más larga de la ciudad, auténtico belvedere desde donde se contemplan las mejores vistas (no visibles desde la sala, por desgracia).
El chef del lugar es Gianluca D’agostino quien hizo sus prácticas hace apenas un par de años en Barcelona (Alkimia, Coure, Vivanda) y que aquí propone una cocina más refinada que la simple culinaria popular. Los precios son muy económicos (30-35€) y la oferta de vinos, elegida por Stefano, el propietario del local, muy extensa (más de 400 referencias).
Platos sabrosos, producto de gran calidad ( su paso por los restaurantes antes citados ha dejado huella) y construcciones fáciles caracterizan la cocina de Gianluca.
Buenos la ostra con morro de ternera, salsa de cebolla y “agretti” (una especie de espinacas) o los paccheri con mejillones, pero a veces se agradecería un remate más claro de los platos (algo de butifarra negra o en su defecto de “guanciale” y un poco de aroma de menta “catalanizaría” a la perfección esta crema de guisantes con tiras translucidas de calamar). Se podría comentar también alguna guarnición inapropiada


como es el caso de esta judías (cicerchie) algo correosas que no aportan gran cosa a este excelente bacalao, perfecto de cocción.



Excelente helado de sabayón al marsala con tropezones de bizcocho seco.



VERITAS restaurante
Corso Vittorio Emanuele nº 141
Telf 00 39 (0)81 66 05 85
http://www.veritasrestaurant.it/

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domingo, junio 12, 2011

FIESTA A VICO.









El espacio antes de la fiesta




Dicen que Gennaro Esposito es uno de los chefs más queridos de Italia. Al menos lo demuestran los centenares de cocineros que acuden cada año a su fiesta de Vico. Tres noches de fiesta con un escenario en la playa y la gente congregada comiendo pizza del Saracino. Esto es la primera noche. La segunda, la fiesta se desplaza a una zona de fiesta playera (Bikini) donde decenas de jóvenes cocineros ofrecen su cocina a miniatura al público invitado. Chiringuitos, DJ, en un ambiente único: Mauro Uliassi, Moreno Cedroni, Massimo Bottura, Andrea Berton ( quien me anuncia que el joven cocinero talentoso Luigi Taglienti, ver último nº de apicius; acaba de convertirse en su brazo derecho en su Trassardi de Milán), Emanuele Scarello (orgulloso de su nuevo Agli Amici de Udine totalmente remodelado) o el siempre amabilísimo cocinero esloveno Thomas Kavcic, se codean con Paolo Marchi (Identitá Golose), Enzo Vizzari (L’Espresso), Marco Bolasco (ediciones Slow-Food), Stefano Boneli (ex Gambero Rosso quien presenta su nueva publicación La Gazzeta Gastronómica) o la intrépida Anna Morelli (Apicius Italia).


Sin olvidar a Gianluca Fusta de Valrhona, quien aportó los postres de chocolate.
Pude probar algunos platillos.



Algunos aciertos como la saltimbocca de caballa marinada con tomate seco, yogur de alcaparras y ricotta al horno rallada de Gianluca D’agostino (rest. Veritas de Nápoles)



o el salteado de higadillos de conejo con jugo al oporto y cebolla crujiente (Profumo di vino, Treiso). Fantástica también la pierna de cochinillo a la brasa servida tal cual. Hubo también tapitas inconsistente más centradas en las presentaciones que en el sabor



como este tirabuzón crocante con un sosísimo tartar de cigala (paradigma de construcción culinaria desintegrada), este tartar de atún y sashimi, igual de insípidos sumergidos debajo de cerezas, nectarinas y “pimienta” rosa. Después de otros intentos,



( sopa de tomate caliente ¡! con el calor que hacía, raviolis de gambas,



bacalao a los cítricos en copa de martini y mini hamburguer de carne cruda),opté probar un par de hamburguesa de chistorra ( del joven Lorenzo Cogo, rest. El Coq, de Vicenza, del cual hablaremos más adelante) y por repetir cochinillo (de Paolo Parisi). Ver más fotos e información en el blog de Paolo Marchi.



La fiesta culminó, gastronómicamente hablando, con la degustación de la pizza frita: mozarella, tomate y albahaca. Una deliciosa caprese.
No pude asistir a la tercera noche, la de los cocineros estrellados.
¿Se han preguntado si una fiesta de esta naturaleza sería posible, aquí en España? Me llega a la mente la playa de Marbella, a la altura del Calima, por ejemplo…









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sábado, junio 11, 2011

LA TORRE DEL SARACINO.(Vico Equense. Nápoles).

SABORES DEL TERRITORIO EN LA COCINA DE GENNARO ESPOSITO




























De este viaje que acabo de hacer por Italia, recordaré con toda seguridad algunos de los platos de Gennaro Esposito, los más sabrosos que haya comido nunca en este país.
A unos pocos metros de su torre más que milenaria desde donde se oteaba la posible llegada de los sarracenos, este cocinero casi autodidacta (un paso rápido por Ducasse)selecciona, escucha al producto y lo sublima con sencillez.
Si. Se trata de una alta cocina del territorio, del “territorio marino” que invade todo el menú. Aquí el “paisaje en el plato” es sobretodo esta exuberante presencia del mar y de los sabores marinos, pasados por el filtro del savoir faire de este cocinero que reivindica la memoria culinaria de su Campania natal. Pero Gennaro quiere también expresarse con los quesos, el conejo, el cochinillo,


la carne de ternera del Piemonte (en la foto, en tartar con cuscús y mahonesa de anchoa), el bacalao, los pimientos, el imprescindible tomate o el pimiento. La pasta por supuesto estará presente hasta en cuatro versiones en el menú pero también el norteño risotto. Paradójicamente uno de los mejores que haya podido degustar, muy por encima de los de algunos restaurantes septentrionales. Otra vez volveré sobre el tema de la cocción. No se puede disfrutar de un grano que cruje bajo el diente. El grano de Gennaro está perfecto, entero pero untuoso con sus matices de cebolla, de algas, de pimiento verde, de limón confitado y sus finas láminas de jurel ahumado. Un plato 10, redondo.
Pero ¿cómo olvidar también los pappardelle de trigo duro en su justa cocción, con mejillones y conserva de tomate? Un pelotazo de sabor.


¿O los delicados raviolis de conejo con cebolla confitada y provolone fundido? Fundamental ese jugo. Una cocina sin jugos es una cocina empobrecida.
Deliciosa también la concha rellena de bacalao mantecado, pesto sorrentino y salsa de arenque ahumado.
Como lo podemos constatar, ninguna concesión a la estética. Los platos no se caracterizan por su belleza. Es como si Gennaro no quisiera distraerse ni un minuto de su obsesión por el sabor.
¡ Qué aspecto más banal tiene la ostra a la “pizzaiola” escondida debajo de trozos de tomate, crema de judía y cuscurros! Una pena que no se sirva fría.
Mejorable también la construcción algo deslavazada del ravioli de pez espada con “colatura” de anchoa (hilo conductor inapreciable), tomate seco, espinacas y patata. Un poco más de integración entre los elementos (también picar y repartir la albahaca) aportaría un mejor resultado gustativo.
Pero ¡qué bueno el pimiento relleno de morena con tira de calamar traslúcido, unas finas láminas de botarga y una emulsión a la naranja! Otra vez topamos con una composición luminosa y amable.
Riquísima minestra de diversas pastas y pescados de roca.
Una simple parrillada de pescados con un ligero puré de patata y limón.
Y para terminar un excelente cochinillo desgraciadamente endulzado por tres reiterativas compotas de albaricoque, de dátiles al jengibre y de manzana.
Postres agradables




(mousse de limón, muy poco ácida, con cerezas,



etc…) pero algo fáciles (también fáciles de olvidar…) con su formato de copa. Hubiera preferido comer el clásico el Baba “Napoletano” con crema pastelera y fresas del bosque o la zuppa de pera con milhojas de ricotta.



Un poco más de imaginación también en los petits-fours (¿o pastitas de té?) se agradecería.








La cuenta de 4 personas.



Menú corto a 100 € ( 6 platos)
Menú largo a 120 € (8 platos). Nos dieron más platos para probar.
La alta cocina es algo más cara en Italia. Pero esta vez, con el paisaje de la costa sorrentina de fondo, todo se perdona.
LA TORRE DEL SARACINO
Via Torreta nº 9
Loc.Marina d’Aequa
00 39 (0)81 802 85 55
Vico Equense
Cerrado domingo noche y lunes.
www.torredelsaracino.it
2 estrellas michelín



Justo enfrente la pizzería de los padres.

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DA CARMINE. (Nápoles).

LA PASTA AL DENTE MA NON TROPPO















El primer contacto con Nápoles fue una cena en una trattoría del barrio español, a 200 mts de la catedral de san Gennaro. Un barrio de innumerables callejuelas en un estado bastante lamentable pero con un bullicio popular espectacular. En cada paso, se encuentran los puestos de pizzería (como si fueran nuestras churrerías) donde se compra LA pizza con “L” mayúscula. Hay en la pronunciación de este “la” (que suele también atañer a “LA” pasta) como una enfatización, casi una veneración religiosa. Auténtica cocina de la calle. Pero no creo que a los napolitanos les gustaría saber que, según algunos eruditos españoles (Cuadernos del Fogón Ed Zendrera) la pizza no sería otra cosa que una coca leridana evolucionada importada por las tropas de Alfonso V el Magnánimo en el siglo XV. En efecto la mayoría de aquellos reclutas eran catalanes oriundos de la zona de Mollerusa. La coca se cortaba a trozos (“pezzo” en italiano de ahí su futuro nombre) y adoptó con el tiempo su forma redonda, aunque persiste todavía en ciertas zonas como Vico Equense lo que llaman la “pizza a metro”. Evidentemente el concepto de “coca de recapte” y el de la pizza son muy similares. Una masa de pan que recoge un poco lo que se tiene a mano: verduras, salazones, queso. Luego, después de la conquista americana, llegaría el “pomodoro”. Según esta teoría, la pizza sería una coca que supo triunfar. En todo caso, conté esta anécdota con la boca pequeña para no crear incidente diplomático. Y hay que decir que es sólo una teoría, un poco arriesgada. Hay otras.
Pero esa noche tocaba trattoría. Me dejé llevar. Cola en la calle y media hora de espera. No se aceptan reservas en la trattoría Da Carmine. Los precios son bajos a pesar de la buena calidad de su cocina.

Primera decepción la mozzarella se había acabado y me tuve que conformar con un queso scamorza (que había degustado el verano pasado en el restaurante de Andrea Tumbarello en Marbella). Esta vez me parece que su ahumado rozaba casi lo quemado, pero hay hambre…
La cosa mejora con la pasta “all’arrabiata”. Tomatitos de la ladera del Vesuvio e “pepperoncino” bastante dosificado. La pasta está al dente pero no de la manera tan excesiva como se comenta que se hace al sur de Roma. Un mito que se irá cayendo esos días…Es el cocinero quien decide el punto de cocción, no la zona geográfica.
Delicioso los espaguetis al ragú, también cocidos al dente pero de una manera soportable.


La salsa de tomate es la reina de las salsas: albóndigas, popietas.
Se trata de mojar en ella el “pane cafone” (literalmente “pan grosero”, vocablo sobretodo dirigido a las personas). Levadura, horno de leña y harina manitoba. Para mí gusto, ha sido el mejor pan de todo este viaje. Miga tupida, profunda acidez.
En Nápoles, aunque la cena haya sido contundente te recomiendan terminar con el babá. Un postre que los napolitanos han hecho fervorosamente suyo pero cuyo origen, ya lo sabemos, proviene de Polonia vía Corte de Lorena con el rey Estanislavo. Otra desilusión para nuestros amigos napolitanos. Es curioso remarcar que también en la cocina tradicional (y no solamente en la cocina de vanguardia) tenemos muchas veces dificultades en establecer una “trazabilidad creativa”.
La ración es enorme. Bien empapado de ron y con la masa que me gusta. No la de tipo “Ducasse” que se parece a un bizcocho sino la auténtica, más “basta”, que recuerda una miga de un buen pan. Sólo faltaba un poco de Chantilly con vainilla para completarlo todo…Era mucho pedir.
Después de la tal injerta de carbohidratos y proteínas, un chupito de limoncillo se imponía. Estoy pensando que un limoncello-nitro podría ser una alternativa a los eternos chupitos/postres de gin tónic.

Trattoria DA CARMINE
Via dei Tribunali, 330
00 39 081 294283
Barrio Español, al lado de San Gennaro

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