martes, diciembre 20, 2011

GIARDINETTO.(Barcelona).







Leopoldo Pomès hijo y padre






En 1973 los arquitectos Federico Correa y Alfonso Milà recibieron un encargo del fotógrafo Leopoldo Pomès e idearon el espacio del restaurante Giardinetto de Barcelona. Un jardín interior de diseño, sin un ápice de clorofila, en el que la vegetación, enteramente virtual, envolvería, al comensal en un ambiente relajante y confortable.
Ya desde fuera, la llamativa enseña fluorescente hacía imaginar una whiskería de la avenida de Sarrià, impresión apenas desmentida por la entrada a la planta baja: una elegante barra de coctelería, a media luz con sus lámparas de mesa y sus mullidos taburetes. Arriba, en el altillo de techo bajo, confortables banquetas, sillas de jardín, la misma luz ligeramente tamizada, un piano de cola y este follaje de estilo naïf, a lo Aduanero Rousseau, que invade las paredes y el techo.
Este ambiente, tan singular para un restaurante, que iba a recibir uno de los primeros premios FAD de la historia, existe aun tal como se creó.
Recuerdo aun mis visitas al Giardinetto a principios de los 90 cuando se llamaba Giardinetto Notte y se podía cenar tarde.
Veinte años después, un amigo periodista cercano a Leopoldo Pomès hijo, quien se sigue encargando del local, me llama para refrescarme la memoria y que deguste algunos platos de la carta. También está presente en la mesa Leopoldo Pomès padre, todo un icono de la fotografía de vanguardia en los años 60 y 70 y también publicista de renombre que creó nada más y nada menos que el concepto de “burbuja Freixenet”, multi premiado en la Biennal de Venecia, Festival de Cannes etc. Momento emocionante para mí.
Pero Pomès es también un amante del buen comer. Inclinación sibarita que le llevó a tener siempre un pie en el mundo de la restauración. Por ejemplo cuando dio un impulso al mítico restaurante “Set Portes” o cuando creó en el 70 la tortillería/hamburguesería Flash Flash. Siempre en asociación con su amigo arquitecto Alfonsi Milà. Prueba de que ya hace 40 años, alguien se atrevió a imaginar que la gente que tenía los medios económicos de comer en restaurantes de lujo, también (y diría casi sobretodo) podía tener la afición por disfrutar de la cocina informal. El Flash Flash llevaría cuatro décadas de adelanto sobre esta nueva fiebre por la hamburguesa que ha alcanzado Barcelona. En aquel entonces esa clientela se llamaba “Gauche Divine”, artistas, intelectuales obligatoriamente “de izquierdas”, por las circunstancias que todos conocemos. Hoy no sabemos donde comerá nuestra (espero que provisionalmente) “Gauche Indigne”…
Lo que sí que sabemos, y justamente gracias a Pomès, son los platos preferidos de los españoles gracias a su libro “Comer es una fiesta” (Ed.RBA) publicado en el 2004, después de una larga encuesta, más personal que científica, realizada a lo largo de toda su vida. (Aunque hayan pasado siete años, tal vez hablemos un día de este libro…).
Pero volvamos al Giardinetto. Crear un restaurante de cocina italiana hace 40 años era sin duda, algo novedoso, aunque la influencia italiana en la cocina catalana había sido notable en el siglo XIX, tanto o más que la francesa. Los canelones de Sant Esteve que se van a cocinar la semana que viene en casi todos los hogares, son un buen ejemplo de esta capacidad de fagocitación culinaria que siempre ha caracterizado nuestra cocina.
Pero para Pomès, se trataba entonces de dar a conocer al público burgués, gourmet y curioso del barrio de Sant Gervasi, los platos de una cocina popular deslocalizada, que algunos habían podido conocer en sus viajes a Italia. Se proponía por primera vez el carpaccio de carne, con parmesano o con su salsa Harry’s Bar (15 €), la mozzarella, las pastas al dente, los risottos (término que tanto calaría en la cocina moderna catalana cuando tenemos aquí nuestros propios arroces melosos), el tiramisú y el vinagre balsámico (un producto excelso que ha llegado en nuestros días a un punto de degeneración y vulgarización insospechable, en forma de aliños o decoraciones indiscriminadas).
En el Giardinetto, todo se mantiene intacto, como si el tiempo no hubiera pasado, gracias a la vigilancia de los Pomès para que la cocina no decaiga y se mantenga fiel a la línea que se marcó desde los inicios. Pero gracias también a un cocinero que lleva ya 27 años en la casa. Artesano humilde poco propenso a dejarse deslumbrar por los focos mediáticos. Un cocinero que se limita practicar su oficio con savoir-faire y dignidad.
De la decena de platos que degustamos, casi todos me parecieron dignísimos. Deliciosa ensalada de lentejas, en su punto de cocción y de aliño. Lo mismo se puede decir de la de judías verdes con sésamo. Todas las pastas frescas, realizadas a diario en el restaurante, estaban muy sabrosas y muy bien ejecutadas, menos tal vez alguna de ellas a las que sobraba un minuto de cocción. Espaguetis con ajo, aceite y guindilla (8,50 €)Lo mejor, los raviolis de carne con un sofrito de tomate fantástico (11 €). Ricas también los espaguetis “catalanizados”, uno con morcilla y otro con sobrasada. Imagino esta pasta con daditos más enteros de butifarra negra y algunas hojas de hierbabuena, rotas en el último momento.
Espectaculares los chips de alcachofa con huevos fritos (11 €). Todos perfectamente regulares, hiper crujientes y nada aceitosos.
En su punto el roast beef de atún a la sal con macedonia de tomate al albahaca (17 €). Mejorable en cambio el “vitello tonnato”, un poco seco y demasiado “encharcado” de salsa. Buena textura del tiramisú (4 €), pero como siempre suele pasar, le faltaba estos puntos de amargor del café y ese toque bien perceptible de amaretto (o de otro alcohol) que son el “nervio” del postre, los dos sabores que equilibran su grasa y su dulzor extremos.
El restaurante mantiene una clientela fiel tanto para sus menús de mediodía como para las cenas en su ambiente confortable, íntimo y vintage, mientras, algunas noches (martes, jueves y viernes), el pianista Pere Ferré desgrana melodías “estándar” en el teclado. Sólo faltaría la presencia en alguna esquina de Monica Vitti acompañada de Antonioni …
Todo esto se tiene que mantener, aunque sólo sea por imperativo etnológico. Existen pocos restaurantes en Barcelona con tanta trayectoria. Sin embargo, Leopoldo hijo, consciente de que algo ha de cambiar para que todo siga igual (definitivamente esta frase de Lampedusa que cito a menudo resulta de una rentabilidad inagotable), tiene la intención de abrir el restaurante a la calle, acondicionando una pequeña barra acristalada debajo de una pequeña marquesina para que los clientes fumadores puedan degustar, instalados en confortables taburetes, medias raciones adaptadas de la carta, buenos embutidos, salami y platillos. Me parece una excelente idea. Rompería esta imagen que tiene Giardinetto de “restaurante clandestino” algo exclusivo, sin que modificara la naturaleza histórica del local. Sumaría sin restar nada de su oferta de siempre.
GIARDINETTO
c/ La Granada del Penedès nº 22
93 218 75 36
Menú mediodía 21 €
Cerrado sábados mediodías y festivos.
Abierto 24 y 31 a la noche.
Cerrado 25 y 26, 1 y 6 de enero.
Por las noches la cocina está abierta hasta la 1h . Servicio de cócteles hasta las 2h30.

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7 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Sólo una vez fui a el Giardinetto, y sinceramente me pareció más un sitio rancio y anticuado que un sitio con historia, incluyendo la comida, que no me pareció de un nivel adecuado.

12/21/2011 4:32 p. m.

 
Blogger Philippe Regol ha dicho...

Rancio, de ninguna manera. Un sitio agradable, con historia (me he esforzado en contarla), con pasta fresca de elaboración propia y precios razonables. Nunca he dicho que se trataba de una alta cocina moderna.

12/21/2011 5:02 p. m.

 
Anonymous Gastronomoautónomo ha dicho...

Buenas noches, Sr. Regol. Soy seguidor fiel de su blog desde hace ya algunos años (y lo seguiré siendo), pero debo decirle que por primera vez tras leer un post en su observatorio tengo la sensación de que se nos a colado un "spam"... Espero que acepte mi humilde crítica, y lo animo a seguir con su ejemplar tarea divulgativa de nuestra gastronomía.

12/22/2011 11:59 p. m.

 
Blogger Philippe Regol ha dicho...

Je je. Acepto la crítica de buen grado.
Pero más allá de hablar de estos platos sencillos pero hechos con mimo, estos raviolis excelentes, tenía la ocasión de conocer a Leopoldo Pomès (ahora estoy leyendo su delicioso libre " Comer es una fiesta"), un personaje realmente interesante que forma parte de la historia gastronómica de la ciudad.
Mi blog pretende hablar de un poco de todo, no sólo de la alta cocina... Gracias por tu comentario.

12/23/2011 12:10 a. m.

 
Blogger Xavier Mas de Xaxas ha dicho...

Hola Philippe,
gracias por el post del Giardinetto. entiendo que para muchos gastrónomos no sea un restaurante que merezca aparecer en este blog, pero siempre he creído que en una buena mesa siempre hay mucho más que alimentos cocinados según el canon de la alta cocina contemporánea. El Giardinetto, además del ambiente y la historia, mantiene la sobriedad y el respeto por unos platos sencillos, modestos, discretos, incluso, que dejan mucho margen para que los comensales disfruten de la mesa sin tener que estar todo el rato hablando de comida. Hay tanto placer en los platos que no nos imponen nada.

12/23/2011 5:43 p. m.

 
Blogger Philippe Regol ha dicho...

Totalmente de acuerdo, Xavier. Me encantó volver a encontrar este sitio.

12/23/2011 5:48 p. m.

 
Blogger SERGI ha dicho...

Lo visito una vez al año, desde hace ya 12 años con mi mujer y siemper hemos salido muy contentos, la última vez unos raviolis con trufa que estaban de escándalo

12/24/2011 1:37 p. m.

 

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