sábado, julio 10, 2010

MONVINIC. (Barcelona).

MUCHO MÁS QUE UN WINE BAR










Detalle de una columna



Biblioteca





Parte de la inmensa bodega ¡ de 3000 referencias !

Mesas colectivas




La carta

Si hay un campo de la gastronomía que me merece un enorme respeto, lo he escrito muchas veces, es el mundo del vino. El crítico parisino Gilles Pudowski asevera que para poder hablar con algo de propiedad de un solo restaurante, hace falta haber comido en más de mil.
Con el vino, creo que la complicación se multiplica, ya que el hecho de haber degustado miles de botellas no confiere automáticamente ninguna autoridad para poder sentar cátedra en este asunto.
Confieso por consiguiente mi incultura pero también mi gran fascinación por el “mundo del vino”, que justamente da su nombre a este magnífico espacio, firmado por el interiorista Alfons Tost (Espaisucre, Comerç 24, barra del Coure etc…) que es Monvínic. Un lujoso capricho promovido por Sergi Ferrer Salat, uno de los “Cinc a taula” que escriben cada semana en las páginas color “salmón” de La Vanguardia.
Monvínic está considerado como uno de los cinco mejores Wine Bar del mundo, según Food & Wine Magazine. Y seguramente con razón. Isabelle Brunet (ausente la otra noche) y el afable César Cánovas son los dos maestros de ceremonia, aunque en este restaurante, quien más quien menos entre su personal de sala, es experto en vino y es capaz de recomendar excelentes maridajes. Para los “analfabetas enológicos” que componíamos la mesa, ponernos entre sus manos era evidentemente lo más apropiado.
En cuanto a la cocina, que es de lo que realmente pretendo opinar, diría que hubo grandes aciertos pero también algunos pequeños fallos. Vaya por delante que la búsqueda del producto excelso por parte del chef Sergi de Meiá me parece encomiable. Su obsesión por rodearse de los mejores proveedores es digna de elogios. Hasta pretende homenajearlos con un desfile de sus fotografías proyectadas en la pared. En los años 70, Alain Chapel citaba en su carta a los productores de los ingredientes que utilizaba para sus platos, llegando incluso a mencionar la granja de donde salía tal pollo o tal conejo.
En algunas de estas fotos reconocí a Frances Collell (Fine Products)




y al intrépido Josep Pàmies, famoso por producir la estevia robaudiana.
Recordaré por consiguiente de esta cena en Monvínic un par de productos de una calidad increíble.



Uno es la anguila ahumada (con cerezas) que probé del plato de mi vecino, el otro la espardeña, colosal, que coronaba, encumbraba diría yo, la lengua de ternera guisada con setas de temporadas. Un Mar y Montaña suculento.
También llegué a probar el suquet de pescado de la lonja y era excelente.



La cena empezó con un aperitivo de una sopa de tomate con un langostino. Buena pero servida a una temperatura demasiado tibia. Una sopa “fría” en verano tiene que llegar ” helada” a la mesa. El langostino, salteado al momento, incrementaba a su vez la temperatura. Inapropiada la cabeza del crustáceo flotando, invitando a sumergir los dedos en la sopa para poderla succionar.



Deliciosa la berenjena con miel y salvia que tomamos para picar. Perfectamente fritas. Crujientes y melosas.


Los problemas llegaron realmente con el plato de verduras (ecológicas), prácticamente crudas y sobretodo totalmente insípidas a pesar de las finas laminas de jamón ibérico. Recordé en ese momento a una deliciosa menestra de verduras (algo pasadas de cocción) que comí en una almazara tudelana hace un par de meses en el encuentro de bloggers. Evidentemente no quiero ahora hacer la apología de las verduras recocidas de la cocina tradicional. Sugiero simplemente que se equilibre el necesario sabor de una menestra con la justa textura de sus verduras. Evitar lo que a veces he llamado la “hipercorrección” de un defecto que consiste en pasar de un extremo al otro. Justamente el puerro, particularmente crudo en el plato de Monvinic, se degusta, a mi juicio, mucho mejor después de una cocción fundente. Todos tenemos en mente la textura amable del puerro en vinagreta.



Excelente lo repito el Mar y Montaña de lengua, espardeñas y setas.





Delicioso (pero muy escaso) el postre de helado de coco (algo cristalizado), plátano y ron.



Prescindibles los “petits fours” : como una galleta con una especie de “nocilla”, cereza bañada en cobertura y trufa “cortada”.
Servicio de sala impecable. Visita obligada para los que aun no conocen este lugar singular.


Vino biodinámico del ínclito Nicolas Joly





MONVINIC
c/ Diputación nº 249
Cerca Rambla de Cataluña
93 272 61 87
Abierto de lunes a viernes.
Visita de la web recomendable para apreciar las fotos del espacio y ver los diferentes horarios de la biblioteca, del wine bar y del restaurante.

3 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

...si, si, si, mon vinic se merece el reconocimiento que esta cosechando. Sergi de meià cocina fino. El local es una maravilla y el concepto genial.
polalpilpil.

7/11/2010 2:21 p. m.

 
Blogger Petita cuina ha dicho...

Saludos.
La verdad es que suena muy muy bien, la proxima vez que valla a bcn seguro que cae.
Gracias por la recomendación.
Un abrazo.
Nuria

7/11/2010 10:13 p. m.

 
Blogger Philippe Regol ha dicho...

Si te gusta disfrutar de los vinos, lo pasarás muy muy bien.

7/11/2010 10:18 p. m.

 

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