viernes, mayo 20, 2011

El Goloso.(Pamplona).



¿Vale la pena hablar de un restaurante de una barriada acomodada de Pamplona (en este caso), cuyo cocinero ni se conoce (el asador argentino Diego Figueroa) y cuyo propietario, ex banquero prematuramente jubilado, huye de cualquier protagonismo? En principio, no. No, si no fuera por un par de detalles que hacen que la cena fue muy agradable, en gran parte por la compañía sin duda, también por el hambre que arrecia después del viaje pero sobretodo gracias un par o tres de platitos muy sencillos que te dejan un buen sabor de boca. No esperaba gran cosa de este local, por mucho que su interiorismo haya tenido su momento de gloria, a caballo entre un restaurante y un bar de copas (no quiero imaginar lo que podía ser cenar aquí antes de la ley anti tabaco…), pensado para que parejas y amigos, a la espera de unos y otros, tomen el aperitivo en la barra o en una de esas mesitas altas, (altas por nada y para nada, por que sí…) para luego sentarse en las mesitas de la larga sala de la entrada y degustar algunos platillos, sin gastarse más de 25€ . Bendita sea esta informalidad cuando coincide con un producto más que correcto, bien cocinado y unos postres (pasteles) confeccionados por un pastelero que “ha pasado” por el taller de Paco Torreblanca.
Deliciosas patatas, asadas en un horno de carbón vegetal, con alioli y bravas (en muchos sitios se separan los dos aliños mientras que en Cataluña, nos gusta mezclarlos). Cuando podíamos pensar que nos habíamos librado de la demasiada habitual “fritanga” de las patatas,


aparece la estupenda presa ibérica, magistralmente asada en una espectacular parrilla, en su punto de melosidad, cocción y condimentación, acompañada por unas patatas fritas ejemplares. De un corte irregular , eso sí, (primera prueba visual de que no eran de Mc Cain) pero perfectas en cuanto al sabor de la patata y punto de la fritura, en un aceite impoluto. Lo preocupante, lo reconozco, es que tengamos que “emocionarnos” por detalles como éste, que deberían ser una cosa generalizada.
“Chupadedos” de cerdo ibérico que hicieron honor a su nombre.
Riquísimo el milhojas (3 capas de arlettes con una crema muselina, cubierto por fina láminas de melocotón tal vez ligeramente pochado. Un postre que llega directamente del “Obrador” adyacente al restaurante, donde se venden estos pastelitos y se pueden degustar in situ.



Restaurante EL GOLOSO
c/ de Aoiz nº 12
948 291 973
Pastelería El Obrador
948 153 158



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